martes, 20 de noviembre de 2007

Otro poco de política: reflexione sobre AMLO y otros bichos

Ni modo. Aunque se me acuse de reaccionario, no puedo evitar las ganas de hablar del tema, dados los acontecimientos del domingo anterior (la Pseudo Convención Pseudo Nacional Nada Democrática y el zafarrancho en Catedral), sazonados con una serie de opiniones que estuve escuchando de Macario Schetinno respecto a la Revolución Mexicana.

Y, curiosamente, tiene que ver con parte de lo que vengo planteando respecto a la Caída del Hombre.

Mencioné en el segundo artículo al respecto, que un punto fundamental para toda religión es elaborar un relato de la Creación, porque en éste se plantea la perspectiva del universo, sus componentes y sus dinámicas.

Esta aseveración, me parece que no sólo es válida para las religiones, sino también para los sistemas políticos. Claro, aquí estamos hablando de procesos que, por lentos que parezcan, son mucho más rápidos que los milenarios devenires de las religiones que conocemos. Y por ello, más fáciles de analizar, e incluso de transformar, corregir, revertir, y hasta mandar al demonio.

En su libro CIEN AÑOS DE CONFUSIÓN: MÉXICO EN EL SIGLO XX, Macario Schettino retoma un planteamiento que ya venía insinuándose con anterioridad: La Revolución Mexicana no existió. Fue una guerra civil donde la participación de las clases populares fue realmente marginal, y que sólo produjo el establecimiento de un sistema político muy similar al que se había desmantelado.

Comparto perfectamente el punto. No me puedo imaginar a Pancho Villa, Emiliano Zapata, Francisco Madero, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Venustiano Carranza y Lázaro Cárdenas como cómplices de un movimiento para desmantelar un sistema. Acaso, los único dos que se hubieran podido entender mejor - y tal vez lo hicieron - hayan sido Zapata y Villa. Pero los demás protagonizaron una guerra civil y no otra cosa, donde ni siquiera se podría hablar de dos bandos, sino de un caótico todos contra todos.

Sin embargo, el concepto de Revolución Mexicana (así con mayúsculas en las iniciales) fue fundamental como MITO FUNDACIONAL para el sistema político que gobernó a México durante casi todo el siglo XX.

Todo lo que en su momento promovió y defendió el PRI, sigue siendo definido como "las conquistas de la Revolución Mexicana". Por eso se volvió fundamental que en la educación primaria, la Revolución se enseñara como dogma. Por eso una de las más sutiles pero profundas batallas actuales entre el PRI y el PRD es definir quienes son los verdaderos herederos de esas conquistas.

Asunto donde el PAN no tiene nada que ver, en tanto es heredero de otra tradición política mexicana.

El problema es que tanto PRI como PRD se están peleando por ser herederos de algo que no existió, y por lo tanto sus supuestas reivindicaciones son, a todas luces, una farsa.

Respecto al PRI no hay mucho que razonarle: hace cien años, México era un país en vías de desarrollo. Hoy lo sigue siendo. ¿Qué cambió durante el régimen heredero de la Revolución? Nada, porque es la herencia de algo inexistente, justificada por una discurso político más parecido al mito, y eso usando la palabra "mito" en su sentido peyorativo.

Eso es lo que más me puede molestar de la gente que no sabe leer historia. Especialmente cuando tienen poder político, o por lo menos aspiran a tenerlo. Son los que seguramente van a provocar las futuras crisis económicas, sociales, y por lo tanto, culturales.

Como Obregón y Calles, que evidentemente eran del todo ignorantes en materia de Historia. ¿Resultado? Sientan las bases para un régimen político apenas diferenciable del porfirista, y entonces en el país no pasa nada, salvo un baño de sangre que dejo cientos de miles de muertos, pero nada más.

En consecuencia, todos los retrasos sociales del siglo XIX se heredan al XX. Por lo menos, en el siglo XIX Juárez y hasta Miramón y Mejía hubieran podido pretextar que el país se la pasó en guerra. Pero en el siglo XX, lp único que contemplamos es un definitivo y rotundo fracaso político y social.

Y pese a ello, tenemos una larga lista de políticos consagrados a seguir defendiendo las conquistas de esa Revolución. AMLO, por ejemplo, con su reiterativa arenga de que el petróleo no se debe privatizar. Vaya, nada se debe privatizar, desde su óptica.

Y por eso, para sobrevivir, su movimiento (en un principio con el PRD, aunque supongo que esto no va a tardar en cambiar) tiene que hacer uso de uno de los métodos más asquerosos del viejo PRI: el corporativismo. Claro, en una época en la que la posibilidad de controlar a los sindicatos y a los sectores populares por medio del corporativismo ya pasó a la historia. Y por eso el proyecto de rediseñar esta práctica. Eso, y no otra cosa, es lo que veo en la falazmente llamada Convención Nacional Democrática.

Y es que pongo en tela de juicio el concepto de "democrática", porque para que hubiera democracia tendría que haber pluralidad. Y allí sólo están los fieles a AMLO, los que no le van a decir que no a nada, y los que van a dedicarse a insultar a los que difieran en su opinión (sí, me refiero a ese animal bípedo que es Fernández Noroña).

No importa que los siglos hayan pasado, con todos los cambios que eso implica. No importa que el siglo XX haya dejado una prueba irrefutable de que ciertas cosas no funcionan (el marxismo, pésele a quien le pese, el corporativismo o el fascismo, por citar ejemplos). En el PRD tenemos un fuerte grupo de gente convencidos de que tienen que hacer las cosas en el estilo de Benito Juárez (Marcelo ya nos regaló una estupidez de frase al decir que el gobierno federal le tiene miedo al águila juarista; sonó supersticioso y primitivo), pese a que las circunstancias hayan cambiado del todo.

Lo extraño es ver que la batalla por la reivindicación del mito de la Revolución se la vaya ganando el PRI, recientemente reposicionado en las elecciones estatales, teniendo como contraparte un desplome rotundo y total del PRD.

Claro, AMLO como si nada en su feria popular del domingo. Ajeno a la historia, sordo hacia todo lo que no sea su voz o la adulación de sus incondicionales. Y obstinado en seguir queriendo ganar reflectores por medios bastante torpes y cuestioanbles, como el zafarrancho en Catedral.

Me rehuso a pensar que haya sido accidental, porque los antecedentes de fricciones entre perredistas y curas católicos ya llevan un ratito. Así que no me creo que no haya habido un porcentaje de provocación. Y eso, de parte de los pejistas, porque a fin de cuentas las campanas siempre las tocan en domingo.

Hay que decirlo: los que irrumpieron en la Catedral se pasaron. Demostraron su profunda intolerancia, su dogmatismo recalcitrante, y su disposición a perderle el respeto a cualquiera.

Claro, para empatar las medidas de estupidez, ya vendría el vocero del Cardenal Norberto Rivera, Mons. Valdemar, a exigir que el Gobierno Local tome medidas en contra de los que cometieron el "sacrilegio".

Como si el sacrilegio estuviera tipificado en la ley como delito. Como si al Estado Laico le importara una cuestión doctrinal.

Valdemar tenía que haber exigido la intervención del gobierno por la invasión, por los daños materiales o por la agresión contra la gente. Nada más. Pero ¿por sacrilegio? Allí está la otra cara de la intolerancia, la de una jerarquía religiosa que cree que sus conceptos deben ser de aceptación universal.

Otros que no entienden un rábano de historia, y que por eso siguen de mal en peor.

En eso se parecen ya demasiado los pejistas y ciertos jerarcas católicos. Son igualmente fundamentalistas, son igualmente intolerantes, siguen aplicando políticas que lo único que están logrando es perder feligreses, y siguen obstinados en no querer estudiar Historia, fundamentando sus ideales en mitos (y, vuelvo a decirlo, usando la palabra en su sentido peyorativo).

Y en medio de eso, mi paisano Mandoki exhibiendo su documental.

Que, a mi juicio, comete un error trágico, que es el error de todo el PRD.

No voy a negar que las elecciones del año pasado fueron la culminación de uno de los procesos más abyectos que haya visto el país. Pero me da risa que AMLO, el PRD y los que lo apoyan - como Mandoki - insistan en comportarse como si ellos mismos no hubieran sido parte de esa abyección. Como si AMLO no hubiera hecho uso de su cargo político para promocionarse, como si no fuera todo un maestro de la guerra sucia, como si no fuera un especialista en complots (estos con ts al final, por favor).

Y al final, Mandoki mismo viene a ser víctima del sistema al cual defiende. Apenas cien mil asistentes en el primer fin de semana (claro, nos están queriendo vender la idea de que eso es un éxito, pero si comparamos ese dato con los que podemos hallar respecto a Shrek, el Hombre Araña o hasta El Crimen del Padre Amaro, la verdad es que la cifra es más bien austera), pero eso sí: vendido como copia pirata el domingo en el Zócalo.

Le pasó lo que al Che (otro que dudo mucho de su comprensión de la historia). Primero fue convertido en el idealista, el romántico, el luchador por la libertad. Vaya, hasta físicamente, en el Jesucristo latinoamericano, cuando la verdad es que fue un promotor de esa barbarie que fue el sistema soviético stalinista, criminal y repugnante.

Pero la Historia ya le pasó la factura, y ahora adorna pósters, chamarras, camisetas y demas productos de la sociedad de consumo capitalista con la que estaba peleado.

Ahí la dejo por hoy. Pero ya seguiré reflexionando sobre historia.

Por lo menos para refutarle al otro animal de la política latinoamericana (sí, me refiero a Hugo Chávez, sorprendentemente bípedo) que el Imperio del Dólar va cayendo. Yo más bien digo que va emergiendo.

Pero lo discutimos luego.

domingo, 18 de noviembre de 2007

La Caída del Hombre III

Bereshit-Génesis 1.1-2.3 nos ofrece el relato de la Creación de la sociedad humana. Nos ofrece, además, el vínculo que el conocimiento y la religión tienen con el ser humano en tanto colectividad.

Uno de los elementos más notables del relato es el sentido de organización que propone, dividiendo el proceso Creador de D-os en seis días.

En el primero, son separadas la luz y las tinieblas (1.1-5), como primer paso para empezar a ordenar el caos primigenio.

En el segundo día, son separadas las aguas que están debajo de la tierra de las que están arriba, y el espacio intermedio es llamado "cielo", más o menos en el sentido que hoy diríamos atmósfera (1.6-8).

En el tercer día, las aguas inferiores son agrupadas para que pueda aparecer la tierra firme, y entonces D-os crea el reino vegetal (1.9-13).

En el cuarto día, son creadas las grandes lumbreras celestiales para que se pueda llevar el registro del tiempo (1.14-19).

En el día quinto, son creadodas la vida marina y las aves, y es la primera vez que D-os le da una orden específica a alguien: fructificar y multiplicarse para llenar los mares y los cielos (1.20-23).

En el sexto día, son creados los animales terrestres y el ser humano (1.24-31). Además, por primera vez se menciona que una de las creaturas está hecha a Imagen y Semejanza de D-os (v. 26). Además, se especifica que este ser (Ha Adam, el hombre) está compuesto por una dualidad: Varón y Hembra.

Y ese es el fundamento de la sociedad. De hecho, en este pasaje ADAM no está siendo utiizado como nombre personal (lo cual sí sucede a partir de 2.15), sino como sustantivo genérico, y ADAM es una unidad integrada por varon y hembra. De hecho, ni siquiera hay algún elemento que nos obligue a pensar que en este relato sólo fue creada una pareja. El sentido del texto bien puede incluir la posibilidad de que hayan sido creadas varias parejas, si bien con una basta para que estemos hablando de una sociedad.

Dado que ADAM es una dualidad, tiene que aprender a relacionarse consigo mismo, pero también puede relacionarse con D-os en un nivel que el resto de la Creación no, y por eso recibe una serie de isntrucciones mucho más detalladas (v. 28-31).

Satisfecho por su Creación, D-os santifica el séptimo día y reposa (2.1-3).

Hay dos elementos notables en todo este relato que, por lo mismo, quedan vinculados al sentido existencial de la sociedad humana.

El primero es la organización del conocimiento, y el segundo es la esencia de la religión.

Ambos tienen un objetivo identificable gracias a los versículos 1.1 y 2, y es superar el caos primigenio para que la vida pueda ser posible.

Dicho de modo específico, el conocimiento y la espiritualidad son las herramientas que D-os ha ofrecido a las sociedades humanas para que puedan cumplir su objetivo de fructificar, llenando la tierra y sojuzgándola.

Claro, dicho objetivo implica muchos riesgos, como el deterioro ambiental como consecuencia de haber "sojuzgado" al resto de la Creación. Sin embargo, precisamente la dualidad conocimiento - espiritualidad es ofrecida para evitar esos excesos.

¿De qué manera?

Vamos por orden: el conocimiento (cultura, ciencia, filosofía, arte) es algo cuya naturaleza es social. No debe desarrollarse para fines individuales, ni debe ser patrimonio exclusivo de una minoría privilegiada. Debe estar al servicio de todos, porque de lo contrario se pierde el primer punto de equilibrio, y el caos primordial no puede ser superado.

Dicho conocimiento nos reta a conocer la naturaleza del universo: hay, como inicio, una dimensión abstracta más allá de lo material (día primero); luego está un universo que trasciende las fronteras propias del planeta (día segundo); luego está el contorno geográfico del planeta (día tercero); luego, una dimensión especial que debemos aprender a contar, y que es el tiempo (día cuarto); y uego estamos los seres que nos desenvolvemos en esos cuatro niveles (días quinto y sexto).

El fundamento para que la ciencia no pierda su sentido, es admitir que el conocimiento es inagotable, que la investigación es inacabable. El ser humano puede empezar por conocerse a sí mismo, luego a los demás seres vivos, luego los misterios del tiempo calendarizado, y luego las características del planeta en el que vive. Pero más allá de eso, hay un universo imposible de abarcar por limitacion física, y más allá del mismo, una dimensión abstracta imposible de abarcar por limitación espiritual.

En la medida que el conocimiento respete sus posibilidades y sus límites, puede conservar su escencia democrática y no convertirse en un elemento para el ejercicio indiscriminado del poder.

Precisamente, para garantizar que el ser humano como sociedad pueda mantener este equilibrio, el relato nos enseña que hay un punto donde esta actividad se debe detener: el Shabat.

La labor industriosa del hombre no debe ser permanente, y es necesario hacer una pausa semanal para poder reflexionar en lo que ha estado haciendo.

D-os mismo pone el ejemplo: conforme va creando cada elemento del universo, se da el lujo de disfrutar que lo que está haciendo es bueno (1.10, 12, 18, 21 y 25), pero sólo hasta que ha detenido su labor Creadora, y se dispone a guardar el reposo del séptimo día, hace una reflexión global, completa, más allá de las evaluaciones parciales que iba haciendo día con día, y entonces la expresión cambia radicalmente: "Y vio D-os todo lo que había hecho, y he aquí que era BUENO EN GRAN MANERA" (1.31).

La única manera en la que el ser humano puede controlar su propio proceso creativo, es haciendo pausas regulares para juzgar sus propias acciones. El judaísmo, como religión, propone su visión de una semana de siete días, en la cual el séptimo es el separado (santificado) para esta labor fundamental.

Entonces ese es el sentido de la religión: permitir que el ser humano, en tanto sociedad, sea capaz de juzgar sus propias acciones, y corroborar que lo que está haciendo lo está ayudando a superar el caos primigenio.

La religión no es para garantizarle al individuo una relación personal con D-os. Eso, como lo veremos en el siguiente relato, es privilegio y obligación del individuo, no de la sociedad, y por lo tanto, no de la religión. Como tampoco de la ciencia.

Siguiendo está lógica, el judaísmo llevó hasta sus últimas consecuencias la explicación del sentido que tiene el Shabat como posibilidad de garantizar el equilibrio del ser humano como especie. Las leyes más radicales ofrecidas por la Torah respecto al Shabat se encuentran en el capítulo 25 de Vayikra-Levítico, donde se establece que también la tierra y la sociedad deben guardar un Shabat.

La tierra lo guarda descansando cada séptimo año (Lev 25.1-4), y la sociedad lo guarda en el Año del Jubileo, cada 49 años (Lev 25.8-12).

El Shabat para la tierra obliga a dejar descansar las actividades industriosas y productivas, para evitar que nuestro privilegio de "sojuzgar" la tierra derive en la destrucción y agotamiento de la misma.

Por su parte, la sociedad debe reorganizarse de una manera radical cada que se presenta el Año del Jubileo, especialmente en cuanto a la posesión de las propiedades.

Según la Torah, en este año cada persona debía recuperar lo que hubiera perdido, lo cual significa que también debía devolver lo que hubiera ganado de más (Lev 25.13-17). De esta manera, se garantiza la posibilidad de que la sociedad no se polarice, además de que el valor abstracto de las cosas no se incremente injustificadamente.

El procedimiento en relación a la tenencia de la tierra, por ejemplo, implicaba que conforme se iba acercando el Año del Jubileo, la tierra fuera disminuyendo su precio. ¿Por qué? Porque en el Año del Jubileo, el comprador tenía que devolver la propiedad al vendedor.

Del mismo modo, el esclavismo queda diluido casi por completo (propuesta notable si tomamos en cuenta que se hizo siglos antes de la era cristiana), porque en el Año del Jubileo, todos los esclavos tenían que recuperar su libertad. Por lo mismo, el precio del esclavo iba disminuyendo conforme se acercaba el Año del Jubileo.

Esa es la dimensión de la ciencia y la religión.

En primer lugar, están al servicio de la sociedad humana. En segundo, la ciencia y el conocimiento no deben ser actividades indiscriminadas y sin límites. La religión está allí para poner una pausa a la fuerza transformadora del hombre, y permitirle juzgar si va por el camino correcto. Por ello, la naturaleza de la religión debe ser ética y no dogmática.

Dicha necesidad de una pausa sagrada para permitir que la Creación recupere su equilibrio llega a su máxima pretensión en el Año del Jubileo, que ofrece la posibilidad de que todo ser humano pueda disfrutar acaso dos veces en su vida, el ver restituido su patrimonio, en caso de que lo hubiera perdido.

En el caso contrario, cualquier ciudadano consciente de que al llegar el Año del Jubileo habría de restituir sus ganancias excesivas a sus dueños originales, entendería que la voracidad por el enriquicimiento no tendría sentido, si de todos modos todo se tiene que volver a redistribuir.

Un remedio contra el capitalismo rapaz, sin necesidad de aplicar un socialismo o comunismo dogmático, ni un control estatal sobre la economía, y menos aún la desaparición de la propiedad privada.

Simplemente, una sociedad justa. Para eso es el Shabat. Para que el conocimiento y la ciencia puedan ser usados eficazmente en ayudar al ser humano a superar el caos primigenio.

jueves, 15 de noviembre de 2007

La Caída del Hombre II

La institucionalización de una religión es un proceso complejo, y se ha dado en todas las civilizaciones en la historia, al punto de que junto con la capacidad de razonar simbólicamente y la posibilidad de crear cultura (heredar el conocimiento generación tras generación a la par de acumularlo), la religión es uno de los factores que distinguen al ser humano del resto de las especies animales.

Cuando las religiones han logrado su consolidación dentro de la sociedad, han tenido que establecer tres elementos indispensables para su funcionamiento:

1. Un Relato Sagrado, que en el caso de las culturas más avanzadas, se pone por escrito, dando lugar a un Texto Sagrado. Si no, de cualquier modo el Relato Sagrado se conserva por transmisión oral.
2. Un Ritual (o rituales), mediante los cuales la sociedad interacciona con los elementos subjetivos, mágicos y/o trascendentales de la religión.
3. Una casta sacerdotal, o por lo menos, un grupo especializado y reconocido como capacitado para la conducción del ritual, lo mismo que para la conservación, interpretación y enseñanza de los Textos Sagrados.

El Texto Sagrado suele empezar con un relato fundamental para la religión misma: el relato de la Creación. Es en este relato donde se explica la naturaleza del Universo, así como sus componentes y la forma en la que éstos se relacionan entre sí.

Una religión de gran importancia histórica que no ha escrito su propio relato de la Creación es el cristianismo, pues se apegó al relato hebreo. El único pasaje neotestamentario que podría jugar ese rol (aunque de manera limitada) es el capítulo primero del evangelio de Juan. Sin embargo, no hay un listado completo de los elementos de la Creación, por lo cual no funciona como sustituto del relato de Bereshit-Génesis 1-4.

Es lógico que esta es una de las razones por la cual el cristianismo es una religión incapaz de conservar su unidad. El proyecto de unificación más completo lo ha desarrollado el Catolicismo Romano, que desde su conformación en el seno del Imperio Romano ha intentado imponer la autoridad del Obispo de Roma sobre toda la cristiandad. Sobra decir que dicho proyecto siempre ha fracasado, y la disidencia interna ha existido siempre, habiéndose hecho oficial en el siglo XI con el cisma definitivo de las Iglesias Ortodoxas de Oriente, e incontrolable desde el siglo XVI, tras el cisma protestante.

E insisto en que es lógico: es una religión que no construyó su propio relato de la Creación. Por lo tanto, no tiene una idea propia de la naturaleza del Universo, de sus componentes, y de la forma en la que éstos se relacionan. Siendo su relato de la Creación un relato "prestado" (por no decir plagiado), es imposible imponer una reinterpretación oficial, porque una reinterpretación no puede ser más válida que otra. En consecuencia, cada tendencia cristiana tiene su propia visión del Universo, su propia idea de cómo funciona, y la inevitable incapacidad de convencer a las demás tendencias de que esa es la visión correcta.

Por lógica, el caso del judaísmo es diferente. No se puede negar que el judaísmo haya tenido sus propios cismas, pero desde ninguna perspectiva se pueden comparar a los del cristianismo, ni en cantidad ni en magnitud, pese a que el judaísmo duplica la edad del cristianismo (4,000 contra 2,000 años).

De hecho, si en la actualidad hay ortodoxos sefaradíes, shamis, ashkenazíes, jasídicos (con sus cuatro escuelas clásicas), conservadores, conservadoxos, reformistas, reconstruccionistas, caraítas, ebionitas y samaritanos, las diferencias básicas tienen que ver con el modo práctico de interpretar y aplicar la Torah, pero no con las creencias básicas del judaísmo. Y es lógico: hay un relato de la Creación que nos explica la naturaleza del Universo. Es un relato surgido dentro de la idiosincracia cultural del pueblo hebreo, y por lo tanto, sigue siendo el pueblo hebreo el más calificado para sentir el vínculo con ese relato.

El cristianismo tiene que apelar a la obra del Espíritu Santo para insistir en que su interpretación de dicho relato (y otros más) es la buena. Sin embargo, tanto dislate histórico parece sugerir que el Espíritu Santo no es muy bueno inspirando interpretaciones. O más bien, que no tiene nada que ver allí.

Además, quiero recalcar que todas las tendencias judías mencionadas no se comparan al inacabable abanico de tendencias cristianas que ha habido en los últimos 17 siglos. Puedo empezar nombrando a nicenos, arrianos, docetistas, marcionitas, monofisitas, gnósticos, coptos, montanistas, cátaros, albigenses, wycliffianos, hussitas, luteranos, luteranos-moravos, calvinistas ginebrinos, reformados holandeses, reformados escoceses, presbiterianos estadounidenses, puritanos, anglicanos, metodistas, nazarenos, discípulos de Cristo, congregacionalistas, bautistas, bautistas fundamentalistas independientes, menonitas, amish, cuáqueros, ejército de Salvación, pentecostales, asambleas de D-os, testigos de J., mormones, ortodoxos griegos, ortodoxos rusos, ortodoxos sirios, maronitas, zwinglianos y católicos romanos (con sus propias diferencias irreconciliables internas, tales como Opus Dei, franciscanos, jesuitas, teólogos de la liberación y demás). Y eso que no intenté hacer un listado de las sectas raras que surgen como ronchas en la piel de un intoxicado por pescado.

Digo, es claro que al judaísmo le ha ido mil veces mejor en la historia (debo aclarar que no incluí a los judíos mesiánicos en mi lista de tendencias judías por la simple razón de que no veo desde qué punto de vista puedan ser considerados judíos; son tan cristianos como cualquier metodista; si apelan a que son el judaísmo que cree en Jesús, diré que en todo caso, ese judaísmo fue el ebionita, que no se parece NADA al judaísmo mesiánico).

Supongo que ahora quedará claro por qué el punto de vista que voy a exponer sobre la Caída del Hombre no se va a parecer nada al que suele conocerse en Occidente.

La diferencia substancial entre el punto de vista judío y el cristiano se refiere al pecado original, concepto que en el judaísmo no existe, mientras que para el cristianismo es fundamental (sin pecado original no hay HERENCIA de la condición pecaminosa, sin la cual no hay CONDENACIÓN intrínseca para la especie humana, sin la cual no hay necesidad de REDENCIÓN, sin la cual no hay necesidad de que Jesús de Nazareth venga a salvarnos).

Así pues, leyendo como judío el Relato de la Creación de la Biblia Judía, y rechazando el concepto del pecado original, procederé a compartir lo que encuentro en este relato que nos habla del Universo, y de cómo el ser humano, en tanto individuo, cultura y sociedad, se interrelaciona con él.

martes, 13 de noviembre de 2007

Paréntesis Político: el Rey Juan Carlos vs. Chávez

Ni modo. No me puedo aguantar las ganas de opinar sobre el tema, aunque tenga que posponer un poco mi disertación teológica.

Me limito a una reflexión breve: desde que el Rey Juan Carlos de Borbón regresara a España para hacerse cargo de la nación (idea de Franco), tuvo la vocación de dirigir el proceso de democratización de un país recién salido de una brutal dictadura. Curioso que un heredero de los esquemas políticos medievales fuera uno de los grandes promotores de la modernización política de su país.

¿El resultado? Una nación exitosa, con una funcional democracia donde se han ido alternando gobiernos de derecha (PP) con gobiernos socialistas (como el actual). Pese a que no tiene grandes recurso petroleros. A que también tiene que lidiar con el fenómeno de la migración africana que penetra por Gibraltar. Que tiene que contener a un grupo terrorista dentro de sus propias fronteras. Que vive en permanente negociación con las exigencias de autonomía de catalanes, vascos y gallegos.

Y que con todo y eso, tiene una situación política, social y económica mucho más estable que la de Venezuela, por dónde se quiera ver.

Lo único que Chávez puede presumirle a cualquier gobernante español es su logrado perfil de mesías bananero, así como su marcada personalidad de simio que aprendió a hablar (hay un cuento sensacional de Leopoldo Lugones, por si les interesa el dato).

Por eso sigo sin entender a tanto izquierdista mexicano que se vuelca sobre la actitud del Rey Juan Carlos, obviando que si hay alguien fascista, es Chávez. Irrespetuoso al punto de no entender que una asamblea el turno de hablar es rotativo, no exlcusivo. Y presuntuoso (ingenuo o idiota) al pensar que todos en América Latina le vamos a celebrar su conducta patética.

Claro, ya sabemos que no se va a callar. Ni siquiera cuando Venezuela despierte de la farsa en la que vive (y que no va a ser sostenible por mucho tiempo), chocando con la realidad de una economía que ya es desastrosa, y de un gobierno que está haciendo todo lo posible para que el desastre se convierta en catástrofe.

No va a ser noticia. Todos los presidentes que han gobernado de esa manera han terminado por descubrir que sólo jodieron a su país. Como Alan García en Perú, en su primera gestión. Como López Portillo en México. Como Menem en Argentina.

¿Qué va a hacer Chávez ese día? Lo que cualquier buen mesías bananero sabe hacer: echarle la culpa a otro. Le podrá servir entonces la palabra favorita de nuestro mesías bananero local: un "compló". De los Estados Unidos, de las transnacionales, qué sé yo.

Y da coraje, de verdad da coraje, ver a tanto intelectual, monero o izquierdista mexicano queriendo defender lo abyecto.

Tengo un fuerte rencor histórico contra la monarquía española. Por culpa de ellos, los de mi tribu tuvieron que abandonar la tierra que habían habitado por casi dos mil años, y los que no se quisieron ir tuvieron que renunciar a su fe y a su identidad. Pero hay de casos a casos, y si me pidieran votar a favor de los herederos de esa monarquía o del simiesco payaso continental, mi voto va por España.

Ojalá algún día nuestros militantes de izquierda tengan un arrebatito de lucidez como para terminar de ver que, de los dos modelos socialistas que inevitablemente se comparan aquí--el español y el venezolano--, por el lado que se quiera ver es mejor el Español.

Y si no me creen, sólo hay que esperar unos cuantos años para ver qué país se hunde primero en una crisis. No se necesita ser adivino para saber cuál va a ser.

Y es que aún la monarquía europea es preferible a los caciques tropicales. Más aún si dicha monarquía está ya neutralizada en el entorno de una democracia funcional y moderna, mientras el simio sigue moviendo todo para perpetuarse en el poder.

Mis condolencias para Venezuela. Mis respetos al Rey.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Un Vistazo al Relato de la Caída del Hombre I

El libro de Bereshit (Génesis en occidental) me impresiona. La versión fácil de que es el resultado de la fusión de cuatro textos anteriores, me parece irrelevante cada vez que me detengo a revisar la lucidez de sus conceptos.

Ya sé que a los críticos bíblicos no les convence la idea tradicional de que este libro haya sido dado por D-os a Moshé en Sinai (aunque lo cierto es que tampoco conozco nada que convenza a los críticos), pero mientras más envejezco y más estudio este libro, me pasma la grandeza de su contenido. Rayos, si no nos fue otorgado por D-os, entonces sus autores merecerían ser llamados D-os. Claro, voto por la postura tradicional, porque aquí hay algo más que sabiduría.

Por ejemplo, el relato de la caída. La mayoría recuerda la historia: A Adam se le ordena no comer de un sólo árbol, pero la serpiente engatuza (o más bien enserpentuza) a Java, ésta a Adam, y D-os tiene que correrlos del paraíso con un paquete de castigos por su desobediencia. El trabajo como una carga (y eso que no se mencionó la corbata), los partos con dolor, y lo peor: la sensación de exilio.

Vamos, hasta allí parece un típico relato mesopotámico, al punto de que se ha insistido de sobra en el parentesco que Bereshit tiene con la épica babilónica, especialmente con el relato de Gilgamesh. Y generalmente se esgrime dicho argumento para restarle magia al texto bíblico.

Vaya ingenuidad. Primero que nada, debo aclarar que el relato de la caída del hombre no se limita a ese pasaje, sino que se extiende durante once capítulos, mismos que analizan la dimensión total de lo que significa que el ser humano CAYÓ.

Así pues, voy anticipando que voy a dedicarle varias entradas a este tema para desglosarlo completo. Por el momento, les adelanto una breve reseña de los asuntos que trata cada entrada.

I. El ser humano como sociedad y como individuo.

Una forma de explicar la existencia de dos relatos de la Creación es la de las diferentes fuentes (querido lector, si no se había enterado de que hay dos relatos de la Creación, revise primero Bereshit-Génesis 1.1 a 2.3, y luego 2.4 a 25 para darse cuenta de lo diferentes que son ambos pasajes; de hecho, si lee primero el segundo relato, se hace todavía más obvio las diferencias, tanto de carácter literario como conceptual). Según dicha hipótesis, cada relato proviene de un documento anterior a nuestro actual Bereshit-Génesis. Después del regreso de Babilonia (siglo VI AC), los escribas de Yerushalayim habrían hecho una fusión de dichos textos (más otros dos), y el resultado habría sido la Torah tal y como la conocemos.

No me termina de convencer tal hipótesis. ¿Cómo explicar, entonces, las diferencias entre ambos relatos? Me basta con marcar la diferente intención que tiene cada texto.

Ya lo desglosaré un poco en la siguiente entrega, pero baste decir por el momento que el primer relato es un análisis de la creación de la SOCIEDAD HUMANA, y el segundo de la creación del INDIVIDUO. ¿Que por qué en el primer relato no se menciona a D-os por Nombre y en el segundo sí? Porque la necesidad de una relación PERSONAL con D-os es del individuo; en contraparte, los fundamentos RITUALES de la religión están en el primer relato, porque la religión como dinámica humana es una necesidad de la SOCIEDAD.

2. La caída del individuo (Adam y Java en el Edén).

El primer relato de la caída, o más bien la primera parte del relato de la caída, aparece como continuación del segundo relato de la Creación, donde se habla de la creación del ser humano como individuo. Por lo tanto, nos habla de la caída del individuo. Dicho relato se encuentra en los capítulos 3 y 4 del Bereshit-Génesis.

A partir del capítulo 5, cambia la línea del relato, y se regresa al tema de la sociedad. Lo lógico es que entonces se nos narre la caída de la sociedad, lo cual efectivamente sucede en los capítulos 6 al 9, y que son el tema de:

3. La caída de la sociedad (el Diluvio).

Las diferencias con el relato concerniente al individuo son notables y deben analizarse a detalle. Lo que me sorprende es la lucidez con la que el autor (o los autores, si así lo prefieren) de este texto (o de la versión final del texto) diferencia las características, necesidades y posibilidades del ser humano en tanto individuo y en tanto sociedad.

Vaya, que les anticipo que estamos ante un tratado sociológico y antropológico bastante serio y bien hecho.

4. La caída de la cultura (la Torre de Babel).

Ahora el texto se enfoca sobre una fracción específica de la humanidad. Es decir, el punto intermedio entre sociedad e individuo. Ese que nos diferencia de los otros grupos humanos, pero que nos hace iguales a un nutrido grupo de individuos. Ese que construye ciudades (cultura, civilización) y se pone metas.

Sólo hasta haber explicado las fallas del ser humano como individuo, sociedad y cultura, el Bereshit-Génesis está listo para contarnos la historia del primer Yehudí, Avraham Avinu, a partir del capítulo 12. Porque entonces tiene sentido el planteamiento global de la religión judía: una posibilidad para superarnos como individuos, como sociedad humana y como cultura.

He allí el plan de trabajo. Estén pendientes los siguientes días para el análisis de cada tema.

domingo, 11 de noviembre de 2007

La Culpa es de Da Vinci

O más bien de su mentado Código. Lo que me puede llegar a sorprender es el impacto que puede llegar a tener una novela--y eventualmente película--tan frívola. Parte es, sin duda, la delicadeza y fragilidad de amplios sectores del cristianismo (católico, protestante y demás), que inmediatamente reviraron exigiendo que se detuvieran los ataque contra su fe. De todos modos el libro vendió millones y millones de copias y las iglesias no se vaciaron por ello. Otra parte, no menos trascendental, el morbo de la gente. Eso de imaginar a Jesús casado con Magdalena, y luego suponer que se puede saber quiénes son sus descendientes, fue un buen gancho para que un novelista oscuro hasta ese momento se hiciera repentinamente famoso.

En consecuencia, inmediatamente me saltó el fervor literario-teológico, y me he sentado a trabajar en lo que bien puede ser mi primer novela (hay otra en ciernes, pero la llevo menos avanzada; todo parece que la novela existencial va a perder la carrera cronológica contra la novela amarillista).

El planteamiento me parece atractivo (claro, como que es mío). Jesús no tiene nada de espiritual; toda su motivación es política (está bien, eso no es nuevo). Sus principales cómplices, naturalmente, son sus apóstoles, y Judas es el más versado en asuntos militares (bien, bien, eso tampoco es nuevo); naturalmente, no hay tal traición de Judas, porque todo está perfectamente coordinado y arreglado (cierto, hasta aquí tampoco va nada nuevo).

Lo divertido es la identidad de los apóstoles. ¿Qué tal si todo ese asunto de que era un carpintero seguido por pescadores fuera sólo un dato simbólico para despistar al enemigo?

Imaginemos, pues, que los apóstoles no son humildes judíos que se ganan la vida con el arduo trabajo de sus manos, mucho menos gente desclasada y marginada por lo poderes fácticos (como me ha gustado ese terminejo) de entonces. Imaginemos que en realidad son gente poderosa, aristócratas bien establecidos en la sociedad judía, y que el círculo inmediato a Jesús era más exclusivo que el círculo criollo que circundaba al Padre Hidalgo. Jesús mismo, lejos de ser la encarnación de lo sencillo, es un burgués con un árbol genealógico envidiable. Y sus apóstoles son los más destacados miembros del sanedrín.

Claro, hay un traidor en medio de todo esto. Bueno, tres traidores, para ser exacto. Uno lo es sólo como parte de un plan, y ese es Judas (ya se mencionó). Otro lo es porque las circunstancias lo obligan, y en realidad lo hace para cuidar a Jesús del riesgo en el que se ha metido. Y el otro es el que es malo, ruin, perverso, canalla y abominable de pies a cabeza. Naturalmente, aquí si no digo quién es quien, porque andaría quemando parte de lo mejor de la novela. Pero lo cierto es que mientras más santo es en la tradición cada apóstol, más le complico su biografía en la novela.

Bueno, supongo que hasta aquí todo parece una ficción más. Así que de una vez suelto la siguiente pregunta: ¿Qué tal si toda esa información, en vez de habérmela sacado de la manga, la he obtenido de los mísmisimos evangelios?

Y entonces llegamos al verdadero meollo de la novela. El asunto no es la ficción que se pueda inventar sobre Jesús (hay tantas, y muchas tan buenas). El asunto es cómo se debe leer el Evangelio original. Y advierto que no soy neófito en el tema, que de algo me sirvieron mis años estudiando teología a nivel profesional.

Todo eso me ha llevado a la construcción de una ficción (y nótese que lo aclaro: FICCIÓN), cuya base no es un manejo arbitrario de datos poco o nada verificables (como lo hace Dan Brown en El Código Da Vinci), sino a partir de lo que se sabe con relativa certeza (ni modo, en este tipo de estudios no se puede pretender ninguna certeza absoluta) respecto a los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), los Rollos del Mar Muerto, la tradición Ebionita y los dos principales libros de Flavio Josefo (Las Guerras de los Judíos y Antigüedades de los Judíos).

En consecuencia, la historia de la novela no es la de Jesús, sino la de cómo se escribió el primer evangelio.

Es una típica historia donde todo el meollo tiene que ver con un manuscrito. Lo único que tiene de raro es que se trata de un manuscrito bien conocido, pero leído de una manera nada ortodoxa.
Un manuscrito--o un evangelio--cuyo objetivo no era proclamar las maravillosas doctrinas de Jesús de Nazareth, sino evidenciar cuales fueron los errores que jodieron su plan de levantamiento contra el Imperio Romano. Plan que, por cierto, en un momento se veía muy bien, porque había logrado unificar a todos los grupos judíos que hasta entonces parecían irreconciliables: fariseos de Hillel, fariseos y celotes de Shamai, esenios, saduceos, sacerdotes, levitas, escribas, sicarios.

La propuesta subyacente a la anécdota es que la Iglesia nunca supo leer los evangelios. Y no es difícil empezar con los ejemplos. Vamos con uno fácil, que no me quema la novela.

Según la tradición cristiana, Jesús era un humilde carpintero que puso de cabeza a las autoridades judías con su renovada visión y original mensaje. Según yo, Jesús era un noble príncipe educado en lo más alto de la aristocracia judía. Y me remito al Nuevo Testamento.

Según Mateo 1.1-17, Jesús era descendiente directo del Rey David. Para sustentar el dogma cristiano de que es el Mesías tenía que serlo, forzosamente, porque sin ese linaje no habría modo de que pudiera reclamar su derecho al Trono. Eso según la familia paterna. A la que pocas veces le ponen atención es a la familia materna, pero lo datos que nos ofrece Lucas son harto interesantes. Dice Lucas que Zejariah y Elisheba (Zacarías y Elisabeth en cristiano), los padres de Juan el Bautista, eran del más alto rango sacerdotal. Zejariah, de la clase de Abías, y Elisheba de las hijas de Aarón (Lc 1.5). Es decir, pertenecían a lo más selecto del medio saduceo. Lucas además nos da noticia de que María, la madre de Jesús, y Elisheba estaban emparentadas (Lc 1.36). Así que no hay más que atar esos cabos sueltos: si Mateo nos informa que Jesús era descendiente directo del Rey David por vía paterna, y de la familia de los Sumos Sacerdotes por vía materna, entonces tenemos a un sujeto cuyo árbol genealógico integraba a los dos grupos más poderosos de la sociedad judía.

Grupos que, por cierto, no podían estar demasiado contentos con la situación política imperante, porque desde mediados del siglo II AC, una familia que ni estaba vinculada con los Sumos Sacerdotes, y menos aún con la Casa de David, había usurpado el poder político y religioso de Judea: los Hasmoneos. En el momento en que Jesús nació, un ilegítimo rey de origen idumeo--Herodes el Grande--estaba a punto de morir y heredarle el trono a un hijo que había tenido con Mariamme I, hija de sacerdotes hasmoneos.

Dicho de otro modo: Herodes era la representación de todo lo que podía significar usurpación, por ser extranjero y por estar coludido con la dinastía que había ocupado ilegalmente el Sumo Sacerdocio y el poder político de Judea desde 150 años antes. Las dos familias que habían sido desplazadas no podían estar muy satisfechas con ello. Por una parte, los descendientes de Zerubabel, el heredero al Trono de David que había dirigido parte del retorno del exilio en Babilonia cinco siglos atrás. Por otra parte, los descendientes de Sadoc (los Saduceos, pues), derechohabientes legales del Sumo Sacerdocio.

Y resulta que ambos linajes se integraban en Jesús. ¿De familia humilde? Por favor. Imposible.

¿Entonces por qué los evangelios dicen que era carpintero y que su papá también lo era? Ah, es que a ciertos judíos les encantaba escribir bien raro, y todo lo ponían en símbolos. Pero no son símbolos tan difíciles de desenterrar, y basta con darle una revisada a Zacarías 1.18-21

"Después alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro cuernos. Y dije al ángel que hablaba conmigo: ¿Qué son éstos? Y me respondió: estos son los cuernos que dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén. Me mostró luego el Señor cuatro carpinteros. Y yo le dije: ¿Qué vienen éstos a hacer? Y me respondió diciendo: aquellos son los cuernos que dispersaron a Judá, tanto que ninguno alzó su cabeza; mas ÉSTOS HAN VENIDO PARA HACERLOS TEMBLAR, PARA DERRIBAR LOS CUERNOS DE LAS NACIONES QUE ALZARON EL CUERNO SOBRE LA TIERRA DE JUDÁ PARA DISPERSARLA".

Así que el símbolo es bastante claro si uno se toma la molestia de revisar a los profetas: un carpintero es aquél que tiene la misión de hacer derribar a las naciones que dispersarón a Judá.

Entonces tengo tres datos: Jesús era descendiente de David y de Aarón; Jesús fue llamado carpintero; los carpinteros eran los que tenían la misión apocalíptica de derribar a las naciones que dispersaban al pueblo de Israel.

Y son datos obtenidos directamente de los profetas y de los evangelios.

Así empieza mi proyecto de novela. Proponer una lectura donde nada es lo que parece. Deducir la posible anécdota de los propios elementos que dan los evangelios. Documentar la especulación con aquello que sabemos sobre los Rollos del Mar Muerto, la tradición Ebionita y los libros de Flavio Josefo.

Entonces los evangelios no son libros que proclamen buenas nuevas. Son una denuncia de los errores que cometió un príncipe que no supo controlar su soberbia.

Un príncipe imprudente e impulsivo: Jesús de Nazareth.

El que tiene oídos para oír, oiga.